¿El marketing de ‘influencers’ es útil para las empresas? | Compañías | Cinco Días

No sé por qué, cada vez que oigo hablar del márketing de influencers me viene a la cabeza el título de un rockabilly: Too much monkey business. Será quizás por la confusión y el deslumbramiento que se está produciendo en torno al término influencer, que parece incluir un complejo universo de significados. Desde universidades que ofrecen un máster para llegar a ser influencer, marcas que tiemblan cuando uno que han contratado compromete su prestigio, hasta caraduras que quieren irse de un restaurante sin pagar aduciendo que “Yo soy un influencer”, un remake del clásico “usted no sabe con quién está hablando”.

En medio de este río revuelto, lo cierto es que empresas y marcas están recurriendo al marketing de influencers pero en ocasiones con una estrategia más bien intuitiva e incluso empleando recursos que tienen una consistencia escasa y una eficacia discutible.

La motivación que lleva a las marcas a utilizar influencers es conseguir cercanía. En un panorama saturado donde el público está muy insensibilizado ante la publicidad, la utilización de influencers les permite conectar emocionalmente con la audiencia y abrir terrenos de juego ventajosos.
Cierto, pero también lo es que incrementa su mapa de riesgos. Al contrario de lo que ocurre con el resto de medios pagados utilizados en la comunicación empresarial, los influencers introducen un margen de discrecionalidad e imprevisibilidad. Sus contenidos no se adaptan al estilo de la marca si no al suyo propio –ha de ser así– y la marca sale de su zona de confort… a veces con malos resultados. Alguien podría pensar que siempre se ha recurrido a los famosos para promocionar marcas. Así es, pero los riesgos asociados al endorsement tradicional no son comparables.

En el mundo de las RRSS, el conocimiento, vinculación y seguimiento de la vida de un influencer es mucho más constante, profundo y en tiempo real por lo que cualquier cosa que haga o diga, más allá de las apariciones públicas acordadas, es susceptible de causar reacciones virulentas que quedan fuera de control y perjudican al patrocinador.
— Leer en cincodias.elpais.com/cincodias/2018/12/21/companias/1545415559_453717.html

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