La resiliencia trata de cómo recuperarse, no de cómo aguantar | Harvard Business Review en Español

Como viajeros constantes y padres de un niño de dos años, a veces fantaseamos acerca de cuánto trabajo podremos hacer cuando uno de los dos embarca en un avión, sin las distracciones de móviles, amigos y Buscando a Nemo. Nos apresuramos a despachar todos los preparativos: hacer las maletas, pasar por seguridad, hacer una última llamada de trabajo, llamarnos entre nosotros y subir al avión. Entonces, cuando intentamos disfrutar de esa increíble sesión de trabajo en el aire, no logramos hacer nada. Aún peor, después de refrescar el correo electrónico o leer los mismos estudios una y otra vez, cuando aterrizamos estamos demasiado agotados como para seguir lidiando con los correos entrantes que inevitablemente se han acumulado.

¿Por qué debería agotarnos volar? Sólo nos sentamos allí sin hacer nada. ¿Por qué no podemos ser más duros –más resistentes y constantes con nuestro trabajo– para lograr todos los objetivos que nos hemos fijado? Basándonos en nuestra investigación actual, hemos llegado a darnos cuenta de que el problema no es nuestra agenda frenética, tampoco el trayecto en avión; el problema surge de un mal entendimiento de lo que significa la resiliencia, y el impacto resultante de la sobrecarga de trabajo.
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