¿Por qué es mejor para una marca vender emociones que funcionalidad?

La teoría económica clásica y los principios básicos del marketing del siglo XX sostenían tres principios básicos:

La racionalidad económica, consistiría, en seleccionar entre diferentes alternativas, basando dicha selección o elección en valores y costo, esencial y fundamentalmente valores racionales, porque la característica principal de los seres humanos es eso, que somos animales racionales. Las personas logran lo que más buscan cuando lo hacen de acuerdo a la razón.
El ser humano es egoísta, y la motivación básica y natural de los individuos es el interés propio e individual. Las industrias no producen porque quieren hacer el bien, crean felicidad y generan sentimientos y pensamientos emocionalmente inolvidables porque les conviene. Los consumidores no compran porque les interesa el bienestar, sino que consideran que lo que compran les es útil, rentable, etc.
El comercialización se sustenta en un principio utilitarista de la microeconomía, con conceptos importantes como los de placer (o beneficio) y dolor (una palabra en boga en el mundo de la empresa y la experiencia del cliente). Así, el consumidor ve como «bueno» todo lo que incrementa placer o utilidad y reduce dolor o esfuerzos. Es una filosofía de resultados. Si el resultado de una compra o contratación sirve para incrementar el placer, satisfacer necesidades y motivaciones, obtener emociones positivas y placenteras y reducir el dolor, ansiedades, miedos, incertidumbres o dudas, entonces la acción es considerada buena. Es un principio hedonista del comportamiento económico.
— Leer en m-huffingtonpost-es.cdn.ampproject.org/c/s/m.huffingtonpost.es/amp/juan-carlos-alcaide/por-que-es-mejor-para-una-marca-vender-emociones-que-funcionalidad_a_23441021/

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