La Experiencia de Cliente empieza por lo básico

Trabajar en Experiencia de Cliente, ser mas o menos experto en servicio, es garantía de mal humor. Llevas un fiscal dentro, un cronómetro encima y un mistery shopper incorporado. Y sufres, vaya si lo haces. Pero hay motivos.

Mientras escribo esto estoy en Barcelona. He tomado un taxi que no llevaba TPV para cobrar con tarjeta, tampoco tenía cambio de 50 euros. Le he pedido que me deje bajar, pues no le voy a poder pagar, y me pregunta que quién le va a pagar a él ese viaje de 50 metros que hemos compartido. He comido en un restaurante una ensalada por la que he pagado 9 euros y cabía en la palma de mi mano, sin tener en cuenta que me la han servido en un cuenco pequeño de los que se usan para tomar yogur… En una ciudad “turistificada” no importa la fidelidad, siempre hay turistas que van a entrar por la puerta, no nos preocupa demasiado, aún, que el cliente se vaya descontento.

Estoy, ahora, tomando un café. Pedí un descafeinado con sacarina, pero vino con azúcar. Pedí al camarero, por segunda vez, edulcorante: se fue diciendo cosas por lo bajo, y no parecían canturreos. Vino y me echó encima de la mesa dos sobrecitos, uno bastaba, si me lo entregaba con cariño o, al menos, sin insultarme con la mirada.
— Leer en www.juancarlosalcaide.com/blog/experiencia-cliente-empieza-basico

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