El ejemplo Ruscalleda

Recibo un cuadernito de viaje con apuntes, dibujos y comentarios breves de Carme Ruscalleda para cada uno de los treinta años que cumple su restaurante Sant Pau. La libreta empieza recordando las ilusiones compartidas con Toni Balam ese 1988 y los nervios de la apertura del restaurante, pero no acaba la chef esa primera página sin hablar de los hijos. Ruscalleda agradece la ayuda de los abuelos y de dos niñeras muy queridas, dos Manuelas -Manuela de Can Só y Manuela Castanyer- para cuidar respectivamente a Raül, que tenía doce años, y Mercè, entonces con seis.

Toda generalización es injusta, sin embargo, uno no puede evitar preguntarse cuántas notas biográficas masculinas incluirían esta consciencia de la responsabilidad familiar que se mantiene durante todo el cuadernito (“2007. Una nieta y dos estrellas en la otra punta de mundo. (…) Qué emoción tan especial y tan profunda, abrazar a un bebé que es hijo de tu hija.”).
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