No debemos fiarnos a ciegas de lo que otros usuarios opinan sobre un producto

No hay nada que no aparezca opinado en internet. Productos, servicios, marcas, monumentos, obras de arte, tradiciones, personas. Se opina, también, sobre opiniones. La apoteosis de la subjetividad.
Leemos antes las opiniones de un artículo que el artículo; a veces, encajan tanto esas opiniones con nuestra necesidad de exaltación que descerrajamos más opiniones sin comprobar si lo que dicen que se dijo, se dijo de verdad. «No lo leo para no regalarle clics», es el nuevo argumento que reviste de responsabilidad social un comportamiento que simplifica la sociedad: la decisión de escuchar solo a los que opinan como tú.

Sufrimos un exceso. Las opiniones sobre actualidad se emiten como forma de venderse uno mismo. Publicitarse así es fácil: no hay una contrapartida seria. Pero ¿qué pasa cuando tienes que soltar billetes para adquirir un bien o un servicio? Entonces sí deseas que las opiniones se ciñan a la realidad. Entonces sí indagarías en documentación objetiva, aunque la publicara Kim Jong-un en su blog.
— Leer en www.yorokobu.es/resenas-online/

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