a cultura del emprendimiento entra, poco a poco, en las escuelas. El objetivo principal es impartir un espíritu, una actitud vital desde edades tempranas. Pero debajo de ese sostén se deslizan enseñanzas que enseñan a los niños a no identificarse con lo que huela a cosa pública; a desinteresarse y a asumir que el cultivo de lo común quedó obsoleto, que uno solo depende de su destreza para multiplicar el dinero.
A principios de mayo circuló por la red el contenido de los libros de texto que se emplearán en Castilla y León después de un acuerdo con la Fundación María Jesús Soto. Son cuadernos ilustrados, adaptados a un lenguaje seductor para niños. Títulos como Mi primer libro de economía, ahorro e inversión o Mi primer viaje al mundo de la empresa y los emprendedores.

Enseñan a invertir, por ejemplo, en trigo: «Si la producción de trigo es escasa, como es una materia prima muy necesaria, la gente la seguirá comprando cueste lo que cueste (…) si debido a las predicciones meteorológicas sospecho que la producción de trigo podría ser escasa, compraré activos que representen el precio del trigo y cuando el precio haya subido los venderé y ganaré mi beneficio»
— Leer en www.yorokobu.es/espiritu-emprendedor/

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