La estrategia clandestina de los cubanos para disfrutar internet sin internet

Después del éxito de la Revolución Cubana, las tensiones entre EEUU y la isla derivaron en una aberración: la política pringó el arte. Los nuevos líderes consideraron el jazz como un símbolo del imperialismo yanqui. Las autoridades oprimieron la aorta de los músicos del género: se clausuraron salas y cabarés, se redujeron las emisiones en los medios. Pero la imaginación caribeña provee siempre las ganzúas necesarias para bordear la adversidad. Así ocurre con internet. Los cubanos apenas tienen acceso a la red, y menos a contenidos libres e internacionales. La creatividad movió sus engranajes y nació el (semi)clandestino Paquete semanal, un compendio de cine, música, series, apps… Un fardo que circula de mano en mano hasta cubrir toda la isla.
En Cuba siempre se encuentra una forma de bailar. El escritor Guillermo Cabrera Infante, participante activo de la Revolución en un principio y exiliado después, contaba una anécdota. Ocurrió mientras organizaba un concierto de jazz de Chucho Valdés en 1961. Un funcionario irrumpió en los ensayos y los suspendió. ¿El problema? Uno de los músicos tocaba un saxofón, un instrumento considerado imperialista.

Aquel achaque de tozudez por parte de un régimen que intentaba aprender a nacer pasó con el tiempo: el jazz acabó desamordazado; pero, mientras tanto, los cubanos tiraron de ingenio. Contó el trompetista Manuel Machado a Abc que, en los recitales, las bandas «tenían que disfrazar el lenguaje musical americano invirtiendo el ritmo o tocando la percusión de otra manera». Y eso mismo, un regate salsero, es lo que los cubanos empezaron a practicar para combatir la carestía de internet y un paisaje de contenidos audiovisuales que se limita a una televisión pública que hastía a buena parte de la población.
— Leer en www.yorokobu.es/paquete-cubano-semanal/

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