Puede parecer que la tarjeta de visita está de capa caída, en esta época de formato electrónico para todo. Pero creo que sigue siendo una herramienta comercial básica. El problema (atención diseñadores gráficos!!) es que a menudo el objetivo parece ser hacer una tarjeta bonita, cuando lo importante es…..

1)       Que inicie el diálogo comercial. La tarjeta debería contener algún elemento (una foto, una frase) que genere preguntas del posible cliente, relacionadas con el producto o la marca.

2)       Color, tipografía, logo,….. deben tener una coherencia con el mensaje que quiero transmitir (ah, pero he de transmitir un mensaje??? – Pues sí, en teoría habrás estudiado la segmentación para tu producto, y te estarás dirigiendo a un público concreto). Os parecerá exagerado, pero conocí una empresa de Barcelona con un solo empleado (el emprendedor) que se llamaba algo así como Worsley Enterprises Inc. Para más INRI su público objetivo eran otras microempresas. La incoherencia no ayuda a vender, porque nos hace menos creíbles.

3)       Generar confianza. ¿Somos fiables? Si soy, por ejemplo, asesor fiscal, puede causar desconfianza no hacer constar mi dirección física, o que el correo electrónico sea Hotmail (o Yahoo, o Gmail). Para un agente inmobiliario puede ser muy útil añadir su foto, ya que el mensaje que percibe el cliente es “me hago responsable de su casa”.

4)       Cambio constante. Si la tarjeta es mensaje, tal como lo es la publicidad o nuestra web, ¿por qué ha de ser siempre igual?. Por ejemplo, podemos crear tarjetas específicas para una feria, como esta que os muestro “Te di esta tarjeta en Barcamp, recuerdas?”

5)       Incorporar elementos en función del perfil de nuestro “target”. Es decir, códigos QR si nuestros clientes utilizan smartphones, o la letra más grande si son seniors. El no tenerlo en cuenta puede convertir a la tarjeta en “antipática”.

Otros objetivos, en función de nuestra estrategia, pueden ser: sorprender, promover que siempre la tenga a la vista (como los imanes de nevera), generar coleccionismo, narrar una historia……

Autor: Luis F. Ocón

luis.ocon@altorendimientoempresarial.com

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